NO AL URBANISMO SIN LÍMITES
Es noticia conocida en nuestro país que los escándalos inmobiliarios están al orden del día. Son muchísimos los municipios que se encuentran en esta situación y prueba de ello son las
constantes noticias que nos llegan en todo momento de los medios de comunicación.
Los proyectos de obras sin permisos nacen como setas y están invadiendo nuestras costas y montes hipotecando nuestro paisaje y medio ambiente para las generaciones futuras. Además, el blanqueo de dinero que se esta llevando a cabo por parte de estos constructores (por no decir ladrones o chorizos) perjudica gravemente la imagen y credibilidad de nuestras instituciones.
Es preocupante ver como se están recalificando terrenos a diestro y siniestro, y realizando obras masivas con grúas de colosales dimensiones para edificar, a base de tochos con hormigón, segundas residencias para unos cuantos ricachones.
Este urbanismo sin límites y bárbaro no puede continuar y ha de evolucionar en el marco de la legalidad. Por lo que no se puede tener ninguna permisividad con estas de infracciones tan graves y que nos perjudican tanto.
Un Estado desarrollado y potente como el nuestro no puede “dejar hacer” o “contemplar” como se masifican nuestras poblaciones sin ningún tipo de cohesión urbanística.
Un pueblo de cien o doscientos habitantes, por cierto, muchos de ellos con problemas de suministro de agua, no puede pasar a tener de golpe 2000 residencias con dos o tres campos de golf.
Menos mal que por fin en las últimas semanas, algunos de nuestros partidos políticos están intentando hallar la fórmula para erradicar, de una vez por todas, esta cadena de edificaciones ilegales.
Todos los partidos políticos, y no solo los de izquierdas, deben ponerse de acuerdo para evitar al máximo estos acontecimientos. Tanto populares como socialistas, no pueden pasar por alto que en los municipios que gobiernan se produzcan estas ilegalidades.
Es hora de hacer un “frente común con mano dura” para todo aquel que se este forrando en la ilegalidad, ya que en cuestión de unos pocos años nos estamos jugando mucho.
Y es que no estamos dispuestos a permitir que España sea un desierto de cemento y ladrillo, sino todo lo contrario, queremos que sea un territorio libre de especulaciones inmobiliarias y medioambientalmente sostenible. Un país en el que la gente de hoy pueda seguir disfrutando de sus ciudades ordenadas, campos, y playas, y también las generaciones que vendrán en un futuro, porque ellos tienen el mismo derecho que nosotros a hacerlo.
constantes noticias que nos llegan en todo momento de los medios de comunicación.
Los proyectos de obras sin permisos nacen como setas y están invadiendo nuestras costas y montes hipotecando nuestro paisaje y medio ambiente para las generaciones futuras. Además, el blanqueo de dinero que se esta llevando a cabo por parte de estos constructores (por no decir ladrones o chorizos) perjudica gravemente la imagen y credibilidad de nuestras instituciones.
Es preocupante ver como se están recalificando terrenos a diestro y siniestro, y realizando obras masivas con grúas de colosales dimensiones para edificar, a base de tochos con hormigón, segundas residencias para unos cuantos ricachones.
Este urbanismo sin límites y bárbaro no puede continuar y ha de evolucionar en el marco de la legalidad. Por lo que no se puede tener ninguna permisividad con estas de infracciones tan graves y que nos perjudican tanto.
Un Estado desarrollado y potente como el nuestro no puede “dejar hacer” o “contemplar” como se masifican nuestras poblaciones sin ningún tipo de cohesión urbanística.
Un pueblo de cien o doscientos habitantes, por cierto, muchos de ellos con problemas de suministro de agua, no puede pasar a tener de golpe 2000 residencias con dos o tres campos de golf.
Menos mal que por fin en las últimas semanas, algunos de nuestros partidos políticos están intentando hallar la fórmula para erradicar, de una vez por todas, esta cadena de edificaciones ilegales.
Todos los partidos políticos, y no solo los de izquierdas, deben ponerse de acuerdo para evitar al máximo estos acontecimientos. Tanto populares como socialistas, no pueden pasar por alto que en los municipios que gobiernan se produzcan estas ilegalidades.
Es hora de hacer un “frente común con mano dura” para todo aquel que se este forrando en la ilegalidad, ya que en cuestión de unos pocos años nos estamos jugando mucho.
Y es que no estamos dispuestos a permitir que España sea un desierto de cemento y ladrillo, sino todo lo contrario, queremos que sea un territorio libre de especulaciones inmobiliarias y medioambientalmente sostenible. Un país en el que la gente de hoy pueda seguir disfrutando de sus ciudades ordenadas, campos, y playas, y también las generaciones que vendrán en un futuro, porque ellos tienen el mismo derecho que nosotros a hacerlo.









Buena reflexión. Totalmente de acuerdo con lo que dices. Es hora de acabar con la especulación. Y uno de los aspectos fundamentales que la promueven son la permitividad de los ayuntamientos , luego, que las leyes se hagan servir y también, se reformen en este aspecto.
No hemos de irnos tan lejos para ver esta realidad, como la que bien mencionas, del pueblo de Cuevas del Becerro (Málaga), el cual es el GRAN EJEMPLO a analizar: dos campos de golf, 800 chalés de lujo y dos hoteles. Manos a la cabeza te llevas cuando lo establecido por ley es un 25% de edificabilidad (máximo permitido) y, ene ste caso, hablamos de un 60%, cosa que nos lleva a pensar que proponen una nueva localidad, despojada de su propia identidad y efectuando una huella ecológica sobre el lugar de carcater aterrador.
Bien, como decía, no debemos irnos muy lejos de este ejemplo, pues en Catalunya tenemos varios ejemplos como éste. Propondré uno, ya que está más cercano a mi realidad, pero te podría decir otros. Sant Cugat, pueblo a unos 30 Km de Barcelona, ideal en sus inicios como alternativa al crecimiento de la población (como siempre ocurre), pero que definitivamente se destinaría a un uso exclusivo como residencia para los ejecutivos que día a día se plazasen a su lugar de trabajo, situado (cómo no) en Barcelona. Esto dio lugar a un boom de crecimiento sin par, de la noche a la mañana, de caracter residencial y del tipo de población con un poder adquisitivo elevado. Muy rápidamente, un pueblo con un encanto propio como es el de su casco antiguo. Si paseas por sus calles, pisas losas de piedra, son estrechas, de casitas bajas, con pendientes que no estarían permitidas en el uso actual. Una vez que sales del encantador laberinto de calles y te diriges al Monasterio, el cual se rodeadaba de unas vistas impresionantes de las montañas, lo que te encuentras es una amplia avenida que le corta a su espalda, llena de edificios en obra vista, altos y con la contundencia de un coloso ante una insignificancia. El resultado es que Sant Cugat es por excelencia la ciudad de aquellos que pueden permitirse tener una casita-chalé propia, la cual utilizan para desayunar, cenar y dormir, pues el resto del día lo pasan ocupados a 30 Km de allí. A todo eso se le ha de sumar 2 coches por casa mínimo. Los días normales, aún puedes llegar a ver movimiento en los alrededores de la estación, cercana al centro, pero los fines de semana Sant Cugat es una ciudad muerta, no hay nadie más que los que han vivido allí toda su vida. Los jovenes salen por Sabadell y Barcelona, en gran parte.
Pues bien, todo esto tiene una huella ecológica, añadiendole el coste por hacer una serie de construcciones de esa guisa, se produce una ocupación del suelo desmesurada y la contaminación de la cantidad de coches que se desplazan desde allí hasta Barcelona. A todo esto, deriva otro problema: AP-7 y AP-2 colapsadas. Por otro lado, los Ferrocarriles van llenos a reventar de gente que va a Barcelona y de una poca que llega a Sant Cugat. La conclusión: no funciona absolutamente nada: se ha arrebatado el encanto del pueblo, se contamina más, un chalé ocupa lo que podrían ocupar (en el mismo lugar) un edificio de 10 pisos; como cosecuencia del punto anterior, se eliminan espacios verdes naturales y, finalmente, se produce el efecto Mcdonalización (término que le asigno al concepto, que utilizan los políticos, de Globalización).
Podría seguir comentando más aspectos, pero uno mismo, analizando y reflexionando sobre su ciudad podría llegar a la conclusión que he puesto de manifiesto. Barcelona creció de manera natural en el contexto de crecimiento urbanístico de los principales puntos mundiales (en los que encontramos Paris, New York, Londres, Whashington, Estocolmo, etc etc y muchos etc), pero lo que se ha hecho a nivel municipal en general deja mucho que desear. Ciudades con identidad propia como lo fueron en su día L'Hospitalet, Cornellà, Sabadell, Barberà, Rubí, toda la parte del Vallès, Sant joan Despí, etc etc, ya no son lo que en un inicio querían ser. Claro que debían crecer, por supuesto. Pero lo que está claro es que la gestión urbana desde los Ayutamientos ha sido lamentable. De ello son responsables: urbanistas, políticos y aquellos juristas que no se han preocupado por aplicar bien las leyes ni de crear nuevas en contra de la especulación (tema a parte están los tantos por cientos que se pactan desde los gobiernos por recalificaciones y similares). Si esto continua así, favoreciendo los intereses de aquellos que manejan el cotarro, lo único que pasará es que destruiremos nuestro planeta y, sin duda, a nosotros mismos. Me gustaría recordar, aunque parezca que no tiene nada que ver, el cambio climático que seguro todos han notado y del que los medios nos hablan desde hace unos días como algo nuevo. Ello provocado por nuestra vida, la que nos hemos impuesto llevar: la del YA, la del AHORA, la del estrés, definitivamente, para abarcar todo lo máximo que podamos en el menor tiempo posible. Para esto, se necesitan cantidades extremas de energia de todo tipo, una de ellas el petroleo, recurso en pocos años extinguido y que nos cuesta cada segundo un poco menos de nuestra atmosfera. Todo es un pez que se muerde la cola. Hasta que no cambiemos de pensar como pensamos: "quiero vivir en mi chalecito, aislado en la montaña, trabajando poco y ganando mucho", los problemas en los que estamos metidos no se solucionarán, los de la Mcdonalización. Y es que hay una frase muy simple que no suelen entender los limitados de mente: "la mejor solución para no tener problemas es no tenerlos".
CARLOS/SUN
8:33 AM